Nueva ofi

Cuando te tiras a la piscina con doble tirabuzón, un cosquilleo recorre tu cuerpo de arriba a abajo. Tienes miedo, porque no sabes si va haber agua o no. Pero entonces la adrenalina hace mella y no te importa que no haya agua. Sólo quieres sentir ese cosquilleo continuamente. En estos tres años que llevo con Señor y señora de (¿Tres años? ¿Ya? ¿Tres? Si parece que fue ayer cuando me dijeron "Búscate un trabajo") Me he dado cuenta que la vida va de cumplir sueños y alcanzar metas.

En 2014 llegó la ofi. Una casa de 1966 reformada con techos altos, vigas de madera, meses de reforma y pintura, que transformamos en coworking junto con dos empresas más, Hace tres meses, en enero, nos planteamos un cambio. Porque en la vida hay que tomar decisiones, a veces te equivocas, otras aprendes. Y otras, son las mejores decisiones que has tomado nunca. Sentimos que debiamos dar un paso más allá y embarcarnos en la aventura de la nueva oficina, nuestra propia oficina. (Re-bautizada como "Obra del Escorial") Me hallo ahora mismo tumbada en el suelo de la cocina, cual nña pequeña, escribiendo este post. Todavía no lo creo. No puedo creer que se haya acabado. O mejor dicho, que empiece otra etapa nueva en esta andadura.

 

Llevo almacenando fotos de oficinas, cocinas y baños, desde que tenía uso de razón. En plan síndrome de diógenes, pero con fotos. Es una costumbre mia. Las novias que han pasado por el altar o que van a hacerlo entenderán mi sensación. Guardar fotos por doquier (Aunque no te vayas a casar, también). Pues en ese plan estaba yo. Fue poner un pie en ese pisito de setenta metros cuadrados y enamorarme perdidamente. Vale, estaba lleno de polvo, oscuridad y trastos viejos. Pero vi luz, bienestar y un lugar acogedor. Tres habitaciones, comedor, cocina y baño, que hemos reconvertido en almacén, despacho y sala de reuniones. El estilo tropical sería el rey, lo tenía claro. Nos pusimos manos a la obra. Lo primero fue "lavarle la cara" y sanearlo, pues habían humedades y grietas. Tras varias semanas saneandolo, tocaba el turno de la pintura. Paredes blancas y puertas negras. Los muebles los restauraríamos en mint. Un mes más tarde casi, fue el turno del suelo. Mi adorado y querido parquet sería el protagonista para el 80% de la oficina. La cocina sería otro cantar. Pinté el chapado en blanco, tapando el antiguo de estampado floral. Los muebles, la ventana y tubos del gas en negro. Y el suelo, ¡Ay el suelo!. Lo tenia tan claro como que me llamo Gloria, sería hidráulico en tonos grises. He dicho. El baño, debo de confesar, que iba a ser igual que la cocina. Pero acabé tan cansada que decidí poner un suelo cementado gris, más neutro, y respetar el chapado original. En plan vintage. Siempre habrá tiempo para pintarlo, pensé.

   

Las paredes son de gotelé fino. Así que decidí alisar dos paredes, una para el papel pintado del despacho y otra para colocar unas letras copóreas. Primero había que sanear la pared picándola y el albañil, que me caló enseguida, me llamó para decirme que se habia encontrado un caravista original debajo del gotelé. Casi me salta una lágrima. Y aun me preguntó que hacía. Siguió picando, obviamente. Le aplicamos un producto para que no soltara arena y pintamos de blanco. Era el turno de llamar a PyV decoraciones que nos diseñaron y colocaron las letras corpóreas. No pudo gustarme más el resultado. ¡Un millón de gracias!

 

 

La ofi ya iba tomando forma. Pero faltaba lo mejor. Mi querido sofá Chester. La búsqueda no fue tarea fácil, pues éstos sofás tienen unas medidas peculiares y no contábamos con tanto espacio, ya que es una zona de paso. Por si fuera poco, las puertas son algo estrechas y la escalera de la entrada no tiene mucho ángulo. Pero quién me conoce sabe que soy de ideas fijas. ¿Por dónde lo subimos entonces? Por el bajo del vecino (Más majo él). Cuatro chicos fuertes y dos cuerdas lo hicieron posible. Estuve tumbada en él (Todavía envuelto en plásticos) y mirándo fijamente la pared de caravista más de media hora, no exagero. 

 

Para el despacho fiché un papel pintado tropical, que el albañil se ofreció a ayudarme a colocarlo #treshurrasporelalbañil. Restauré un mueble original que estaba en el antiguo comedor de la casa. Lo pinté con chalk paint color mint y limpiamos los pomos. Las lámparas son una edición limitada de Ikea, llamada Jassa. Y el felpudo, espejo del baño y otros elementos de decoración de Maison du Monde. Un olor a papaya inundaría la oficina. Es un sistema que huele en todas las estancias, veinticuato horas al día durante treinta días. Las plantas fueron cosa de Luis Hoyo floristas. Soy malísima pero le juré y perjuré que intentaría cuidarlas, quería la oficina llenita de cactus, suculentas y verde. Me trajo una kentia más grande que yo, a la que le canto todas las mañanas. En próximos capitulos os cuento que tal mi aventura. No prometo nada.

  

La placa informativa de la calle fue obra de Estudionce. No pudieron dar más en el clavo. Queríamos que fuera de un elemento natural, como la madera. Un grabado a láser y varias capas de barniz hicieron que luciera perfecta.  Además, por si fuera poco, inmortalizaron todos los detalles de la inauguración con estas fotos. ¡Un millón de gracias!

 

Fue realmente A-GO-TA-DOR. De lunes a sábados dabamos servicio a nuestros #señoresde organizando y planificando las bodas de esta temporada y los domingos Dios no los hizo para descansar, los hizo para hacer la nueva oficina de Señor y señora de :) Me han faltado horas al día y semanas al mes. He tenido esa sensación durante meses, pero os puedo asegurar que todo esfuerzo tiene su recompensa. ¡No puedo ser más feliz!

Teresa Moreno diseñó las invitaciones que mandamos a proveedores y amigos del sector. Preparamos copas de champán rosé y azul. ¡Champán para todos!. El dulce fue cosa de Dulce Roseta, que nos preparó una tarta preciosa y unos dulces que estaban de rechupete.

Dos alicantinas, una catalana, una gironesa y una valenciana pusieron la guinda al pastel. No, no es un chiste, es lo mejor que me ha pasado nunca. Y no exagero. Veréis, nos conocimos en el Camp School de Bodas de Cuento que asistimos el año pasado en Barcelona. Desde casi ese momento, nos convertimos en inseparables. Me moría de ganas por tenerlas allí, pero por temas logísticos era obvio que no podían estar, entre otras cosas porque trabajaban y encima para más inri habría caravana con la operación salida de vacaciones de Pascua. Casi a punto de ir cerrando el chiringuito, hicieron chass y aparecieron a mi lado. ¡Con un centro de flores precioso! No daba crédito. A penas podía cerrar la boca. Sólo hacía que abrazarlas y disfrutar del momentazo. Por supuesto, nos fuimos a cenar para celebrarlo y ponernos al día.

Y tras el gran día, sólo me queda dar las gracias. Bueno... ¡Un millón de GRACIAS, a todos los que hicisteis que fuera TAN increible!. Además por si fuera poco, nos dieron un notición, que todavía no puedo compartir, y me está costando la vida. ¡Ay! #ansiaviva

Mil gracias de nuevo, fue uno de los días más felices que he vivido en Señor y señora de :)

No quería hacer este post interminable, por lo que habrá otro con más fotos ¡Y hasta un vídeo! Step by step

¡Feliz martes!